"De nuestros miedos nacen nuestros corajes, y en nuestras dudas viven nuestras certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible, y los delirios otra razón. En los extravíos nos esperan los hallazgos porque es preciso perderse para volver a encontrarse” (Eduardo Galeano).
Un mundo justo y sostenible no puede ser posible sobre el tejido mercantilista que creamos basándonos en el poder económico, en la supremacía de aquellos gobiernos generadores de riquezas particulares, amnésicos de todo conciencia social. Casi mil millones de seres humanos subsisten bajo la línea de la pobreza; miles de niños mueren de hambre cada díaa en el mundo y en este escenario se siguen reuniendo para salvar el modelo fracasado que nos trajo hasta aquí.
Como enunció hace algunos años el Premio Nobel de Economía: “La estabilidad financiera es un bien común. Lograrla, pues, debería ser siempre tarea de los primeros agentes de la sociedad: estudiantes, trabajadores, inmigrantes, campesinos y hasta excluidos. Los bloques regionales parecen ser, pues, los llamados a sustentar los cambios necesarios y estos pasan por generarse desde los sindicatos, desde los barrios, las parroquias, donde las alternativas nazcan con la fuerza más justa y más convincente: la de la necesidad. En esta situación, ya no son viables los parches momentáneos propuestos por el sistema financiero actual; los bancos no podrán -como hasta ahora- sacar provecho de estas urgencias ya que no pueden garantizarse las ganancias de un interés devuelto en forma de producción.
Parece ser que el secreto puede estar en fomentar la actividad emprendedora de los más excluidos. El sistema financiero está descubriendo que los menos favorecidos pueden ser rentables y los préstamos de estos incipientes sectores nunca se conceden para el consumo.
De esta rentabilidad de los pobres comenzaron a hablar muchos países en Latinoamérica y el Caribe, extendiéndose luego a Asia y a África, donde solo la gestión productiva podrá canalizar instrumentos de préstamo, y estos se vieron reflejados en el reforzado sistema de microcréditos.
La economía, por tanto, va ligada inevitablemente a la psicología, al poder de comprensión de muchos agentes sociales ligados a la nueva construcción de las economías regionales. En la actualidad existen en el mundo más de 3.500 instituciones que trabajan en esta línea de gestión y sus resultados son abrumadores; especialmente donde son las mujeres quienes reciben y administran desde los puntos productivos iniciales el desarrollo de innumerables proyectos.
El Banco Interamericano de Desarrollo declara que en Latinoamérica (pionera en este sistema), de entre más de 100 entidades financieras consultadas, el 80% afirma que el sector de estos microcréditos es una apuesta estratégica.
La micro financiación en manos de cooperativas es una realidad que está volcando la balanza y les hace mirar hacia un recodo de la economía al que nunca tuvieron que recurrir los grandes bancos. En España, la Caixa, por ejemplo tiene más de 35.000 proyectos con un importe global de cerca de los 258 millones de euros en este concepto. El 91% de las 23 millones de empresas existentes son microempresas. La emergencia en la actualidad está más que clara para el sistema crediticio convencional aplicado a los sectores más sensibles de la economía real; pero ahora en España, por ejemplo, 300 entidades con fines sociales desarrollan un proyecto dirigido a sustituir el sistema bancario tradicional cuyo objetivo será, dicen, ser una cooperativa de crédito reconocida por el Banco de España.
El proyecto es actuar como un banco ético (si es que cabe la existencia de un banco con esta denominación), puesto que augura replantear objetivos y comprometerse a la transparencia, a la promoción del auto empleo, la libertad y a la vigilancia del destino de los fondos prestados. Esta alternativa dentro de Europa, al fin y al cabo, manifiesta la existencia de una pobreza donde la imaginación y la solidaridad juegan un papel determinante, como lo es en los países del Sur. En este momento, la mitad de los españoles en paro cambiarán su ciudad o su país por un empleo. La actual crisis reconvirtirá≥el país en una potencial cantera de emigrantes.
En este contexto general, las empresas no podrán subsistir en el mercado global si no aportan ningún valor añdido a la sociedad, además de sus consabidos resultados económicos. Para creer en el trabajo, debemos creer en las empresas y en su compromiso con la sociedad. La ilusión es la que da sentido al esfuerzo, y sin ella deja de tener significado cualquier actividad económica, se convierte en un signo de esclavitud y está destinada, tarde o temprano al fracaso. La pobreza -como los mercados- también se globaliza.
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