EL MIRADOR

Con voz y con voto

Gerardo de Lima
Última Actualización Sábado, 08 de Mayo de 2010. 11:59h.

“Anoche soñé con mi país y fue un buen sueño; por eso quiero soñarlo nuevamente cada noche. Fue así que me di cuenta: no nos pasa por estar lejos; no por nostalgia, no por soledad.

Soñé con el mismo país que vos soñás, allá tan lejos y en él, ahora y desde ese otro lado del océano, desde ahí: ese rincón silencioso, ese recoveco de cada uno de nuestros imaginarios, infancias y propósitos.

Pero, cómo es que se pueden desear los mismos deseos?
¿Cómo se pueden soñar los mismos sueños, con un océano en medio que nos separa tanto?
Lo comprendí pronto: vos y yo extrañamos lo mismo; añoramos los días que moldearon nuestro nombre con la arcilla de la ilusión, echamos de menos el “qué tal” que nos forjó un orgullo solidario y tenaz, compartido y recurrido; que nos reflejó en las retinas y para siempre, la mirada cómplice de quien busca y pelea con arrojo en los desaforos del esfuerzo.

Quizás por eso es que soñamos los mismos sueños.

Tal vez por haber sido contemporáneos en tantas militancias de esperanza; cuando dejábamos de ser gurises y crecíamos con una sonrisa ingenua en los labios, y nos dibujaban la cara de injusticias y precariedades, de cansancios y de ocho horas pesadas y mal pagadas; pero también con una confianza grande en el otro y en el alma; con la mirada limpia desafiando mañanas.

Sueño los sueños que mis hermanos sueñan porque seguimos queriendo las mismas cosas, porque se conservan, en este otoño amarillento, los mejores sudores de aquellos veranos.

Y…aunque exista éste océano, y aunque las canas empiezan a contarnos secretos al oído, y aunque las primeras arrugas ignoradas se detengan cada mañana en el espejo, y sigan ahí al siguiente día; aunque ya el tiempo nos haga tener más capítulos de recuerdos… lo que más soñamos es siempre, lo que fuimos, lo que quisimos ser estando dentro o lo queremos ser estando fuera: el lugar de justicia por el que pagamos un precio tan alto… hasta el anónimo exilio, hasta el personal, intransferible desarraigo”.

Mi país es pequeño y silencioso, pero en su reducido espacio geográfico se debate el derecho al voto de sus ciudadanos en el exterior. El hecho de ser pocos no nos facilita ningún proceso. Nunca fuimos muchos, pero ahora dentro de sus fronteras duermen solo el 85% de sus ciudadanos y, aunque la crisis está dando un vuelco en esta realidad, el otro 15% duerme fuera de casa. Desde 1999 hasta 2004, se marcharon de Uruguay 108000 personas; las cifras en los años sucesivos se incrementó y continúa siendo la emigración–aunque menos- la principal tendencia demográfica de este tiempo. Son ya casi 600000, los uruguayos que viven fuera del país, y de esta cifra el 86 % emigró por razones económicas. Como dato significativo ingresaron en 2005 setenta y dos millones de dólares como remesas del exterior, no sólo destinados al pago de impuestos, sino a rubros sorprendentes como alimentación, vestimenta, alquileres, etc., etc.

En el año 2006, los inmigrantes latinoamericanos enviaron sólo desde España, más de 5000 millones de euros a sus países, según datos aportados por Caixa de Cataluña; y según datos del Banco Interamericano, la cifra ronda los 4000 millones, que sirvieron para ayudar a 8 millones de personas en Latinoamérica.

Por lo tanto, las remesas fueron el principal impulso de crecimiento en varios de los países a los que hacemos mención, superando en varios casos la inversión extranjera directa.

En Uruguay, tan importantes remesas contribuyeron y contribuyen al desarrollo interno, a la reactivación del comercio local y son, sin duda, una de las primeras fuentes de ingreso en el país, la siguiente lo constituye el ingreso de las 300000 visitas al año de uruguayos residentes fuera del país. Por lo tanto, somos parte de una realidad –no tan nueva- dentro y fuera de fronteras y se deben integrar nuevos elementos a la identidad de nuestro Uruguay, discernir deberes y derechos; asumir la plena conciencia de seguir siendo parte integradora y participativa, reconociendo sin más debates, la vinculación como el espíritu que prime sobre todos los demás y nos permita consagrar el derecho cívico de poder votar desde el exterior.

Reglamentar el ejercicio de uno de los derechos inherentes a la ciudadanía es vital en un país que avanza, el derecho al voto consagrado en nuestra Constitución no puede ni debe violarse, porque se está violando el principio de igualdad.

Las voces peregrinas forman parte del Uruguay, contribuyen en su crecimiento, se implican en su dinámica social y refuerzan el sentimiento de identidad a pesar de la distancia física que los separa.
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1 Comentarios

elcira colombo  30.jun.2011 | 00:26
#1

que contenta estoy ,de estar leyendo cosas tullas
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LA COLUMNA DEL LECTOR

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