EL MIRADOR

Tu norte y mi sur

Gerardo de Lima
Última Actualización Jueves, 06 de Mayo de 2010. 08:06h.

“Te cruzaste en una esquina de mi vida, te miré a los ojos y desde ese día todo lo que soy quedó pendiente de tu tiempo, de tus horas, tus minutos; tus sonrisas y tristezas; tus encuentros y tus ausencias. Porque al mirarte, reconocí mi alma en la tuya como en un espejo, y fue entonces, cuando dejé de ser quien era, y empecé a sentirme tú. Ese día, comprendí que te esperaba desde siempre; y que eras, sin dudarlo, la mejor de mis certezas”.



(A todo el que sea capaz de ejercitar el corazón e involucrar la fuerza de sus manos para romper tantas fronteras inútiles, personales y colectivas. Por quienes creen, por quienes luchan y por quienes cambian).

Los días habían pasado acumulando páginas por descifrar y ella ya cumplía casi los treinta. Como había nacido al norte de cualquier norte, sus luces y sus sombras no se parecían en nada a las de él.

Él, que rozaba los treinta y cinco, libraba una batalla sin tregua en el más apartado sur de todos los sures y sus luces eran recuerdos y voces, leyendas y cuentos que aprendió a leer y a escuchar siendo muy pequeño en las tardes de siestas y chicharras. Sus sombras sin embargo, estaban tan vigentes como el calor sofocante que pegaba la ropa contra el cuerpo y aplastaba los sueños contra cada baldosa rota.

Ella superó las pruebas de su juventud, se graduó y su impresionante sonrisa empezó a recorrer las calles, los parques y los domingos.

Él, después de muchas cicatrices, consiguió desprenderse de la tristeza, subir a un avión y arrastrar su cansancio hacia el norte.

Fue entonces cuando él la vio. Y ese día, algo en el mundo de él cambió para siempre.

Cuando ella lo mira, ilumina los recuerdos de él y los convierte en mejores; cuando ella sonríe, él piensa en la nimiedad de cada estrella que descubre con ella.

Cuando ella lo acompaña, él retrocede en el calendario y tiene fuerzas para hacer muchos viajes de ida y vuelta.

Cuando él recorre el camino de su piel, quiere que su tiempo sea eterno y se siente inmenso, imbatible y cree por fin, imaginar lo que es el cielo.

Cuando ella y él son “nosotros”, algo ocurre con los días y las noches; los rostros se adornan de luces y aparecen, segundo a segundo, utopías lindas para seguir caminando y sueños posibles para conquistar y seguir respirando.

Cuando él dice: “soy tú”, siempre dice la verdad.

Cuando ella dice: “soy tú”, él no conoce mejor manera de ser feliz.

Cuando ella extiende sus manos pequeñas, sinceras; él las recibe con la certeza de tener todas las manos del mundo –toda la fuerza del mundo-.

Cuando él le ofrece las suyas, ella descubre un sendero largo y comprende una complicidad a prueba de hombres y de dioses; de tiempos, de ausencias y lugares y sabe que, nunca más…estará sola.

Cuando él se queda sin palabras, ella recurre a la inapelable serenidad de su mirada; y cuando él la mira, ella cierra el penúltimo capítulo de preguntas hasta ahora sin respuestas.

Cuando ella y él son “nosotros”, todo está en su lugar y las palabras muchas veces descansan o esperan para ser usadas; porque aprendieron a escuchar cada silencio.

Porque los silencios de él dicen más que cualquier palabra.

Porque los silencios de ella están llenos de palabras.

Cuando él se sienta a su lado y quiere explicarle, y recorrer el diccionario para encontrar las palabras justas, nunca lo consigue; y entonces se establece en el paraje virgen de sus ojos claros y revalida al instante todas sus confianzas.

Cuando ella deja escapar alguna lágrima, él la fecunda en una esquina del tiempo para administrarla con respeto, y devolvérsela luego convertida en ilusión.

Cuando se les ve pasear por las avenidas, cuando se escucha la melodía de sus charlas abiertas y libres, prolongadas y felices.

Cuando él la espera; cuando ella lo encuentra: los minutos de todas las horas se detienen y acarician el mismo lenguaje de miradas.

Pulverizan acuerdos y tratados; leyes e intenciones; doctrinas y pecados; y olvidan para siempre las banderas, las fronteras, los colores…y los puntos cardinales.

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1 Comentarios

ACALA  01.jul.2011 | 16:14
#1

La primera vez que leí este articulo, mis ojos se llenaron de lágrimas pues me parecio todo poesía. Siempre que lo releo me llena de ternura y lo cierto es que nunca me canso. Me acerca a lo que siento como muy importante en la vida:la ternura, la sensibilidad, los sentimientos. Todo un regalo para los lectores que merece mi sincera felicitación para el poeta. Gracias
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LA COLUMNA DEL LECTOR

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