EL MIRADOR

Uruguay y el triunfo de la verdad

Gerardo de Lima
Última Actualización Viernes, 07 de Mayo de 2010. 13:16h.

No existen dudas de que la primera riqueza de América Latina es su diversidad; luego se suman otras, que para el resto del mundo tal vez no sean visibles, pero que para nosotros potencian una identidad que nos enorgullece. Esta diversidad genera un abanico muy amplio a la hora de analizar y comprometer acciones sociales, y en aquellos momentos que deciden políticamente la madurez y el futuro de sus países.

Como dice Eduardo Galeano: ”Nos tenían acostumbrados a morir de hambre o de aburrimiento”. Justamente por esto, muchas veces se critica de forma simplista; se pretende empañar los pequeños o grandes logros tildando la gestión de muchos políticos como populista o demagógica. Y alguno habrá, sin duda, que transite ese infortunado camino. Pero la realidad indica que los sueños políticos son posibles y que la frescura y la limpieza de la mayoría comprometida con sus países, de los más necesitados y de los verdaderos protagonistas de los avances, son siempre dignos de respeto y -¿por qué no?- de admiración.

El Pueblo, siempre; su presencia soberana; las voces de los más débiles, de los más desfavorecidos y la coherente manera de manifestarse en las urnas.

En Uruguay, el pasado domingo 29 de noviembre ganó las Elecciones Generales Pepe Mujica (el ex guerrillero, como rezan los titulares de medio mundo). Pero en Uruguay lo que ha ocurrido sobre todas las cosas es que el Frente Amplio ha tenido un crecimiento significativo. Mujica resultó el presidente electo con el mayor respaldo hasta el momento en la historia reciente de este país.

La izquierda conciliadora a base de trabajo y mejoras sociales se hizo con la victoria para continuar la labor por cuatro años más y fortalecer –si cabe- los profundos cambios iniciados por el anterior Gobierno.

En medio de un gran temporal, bajo la lluvia y las emociones, Mujica agradeció a sus votantes, a la militancia ejemplar del Frente Amplio y a las demás formaciones políticas por el reconocimiento inmediato a su victoria y recordó que “no hay ni vencedores ni vencidos”.

Miles de uruguayos que inundaban la Rambla de Montevideo –como el fuerte aguacero- escucharon de su presidente: “En el estrado tendrías que estar vos, y nosotros ahí abajo, aplaudiéndote. Este Gobierno no es dueño de la verdad –dijo- los precisamos a todos. Mañana la Patria continúa y el compromiso continúa”.

Refiriéndose a la batalla dialéctica de las últimas semanas (al calor electoral de la campaña) con sus adversarios políticos comentó: “A lo mejor el fragor me hizo llevar la lengua demasiado lejos… Pido perdón” (no era necesario pero lo hizo, pidió perdón).
“Viva la alegría, viva la esperanza… Viva el compromiso!”. Pero recordó: “Todo esto es transitorio, lo permanente sos vos” – la voluntad popular- “El Poder está en el corazón de las grandes masas, por lo tanto: nada de creerse el dueño de la pelota”.

Reiteró su carácter moderado y la voluntad constante de diálogo y entendimiento en la medida de lo posible con la oposición. Citando a Lula da Silva, presidente de Brasil, dijo que representaba un símbolo y un ejemplo a seguir por ser éste “un gigantesco negociador “.

Recordó el trabajo y la enorme gestión del presidente saliente Tabaré Vázquez y expresó haberse beneficiado de la mejor fórmula publicitaria de campaña: los cuatro años del gran Gobierno que quedaban atrás.

Agradeció a su vez a los jóvenes por su renovada participación en los comicios, por el impulso volcado desde las bases que fue, desde la fundación del Frente Amplio, el que marcó el camino e identificó a esta formación política: la participación y el compromiso.

El flamante presidente en anteriores entrevistas y preguntado por su pasado combativo, por los años de persecución, humillación, prisión y tortura a los que fue sometido en los años de dictadura, había manifestado con claridad que no le movía ni rencor ni voluntad de revancha. Con su carácter afable, sus canas desordenadas y una sonrisa espontánea y creíble dijo: “No tengo vocación de héroe, ya estoy viejo para eso. Antes, soñábamos con cambiar el mundo, ahora… estamos peleando por mejorar la vereda”.

Cuando le mencionaron la gran responsabilidad que asumía aceptando la candidatura a la Presidencia dijo: “Acepté por mi compromiso con el país, ahora: a llorar al cuartito”.

En Uruguay, como en otros países de América Latina, hoy se celebra –de nuevo- la esperanza, y la convicción de decir lo que se piensa, y de hacer lo que se dice.

Hemos renovado la confianza una vez más. Porque ya sólo podemos enamorarnos de la verdad y porque nos estamos haciendo sabios a fuerza de golpes: ¡Viva esta alegría!
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