El debut de Johan Cruyff como entrenador de la selección catalana de fútbol y su intención de no utilizar el catalán como idioma de comunicación con sus jugadores, añade un ingrediente novedoso al debate existente entre quienes esgrimen que un inmigrante – y Cruyff lo es – no está completamente “integrado” en Cataluña hasta que no se expresa públicamente en dicho idioma y quienes consideramos que la pertenencia e implicación dentro de una sociedad bilingüe, Cataluña en este caso, no es función directa del uso que se haga del catalán como lengua habitual.
Hasta ahora son escasas las voces críticas en contra del ex-jugador del Barcelona FC por su preferencia hacia el español. Al respecto no ha habido mayores reacciones desde instituciones e individuos que tienen como leitmotiv el que los inmigrantes hagan del catalán su idioma propio y habitual. Interesante. Curioso e interesante me parece este punto.
¿Qué explicará la tibia respuesta por parte del catalanismo más recalcitrante en relación a este asunto?
¿Será que el “nouvingut” Cruyff ha logrado que a partir de esta fecha la estima, el apego y el compromiso de los inmigrantes hacia Cataluña dejen de ser medidos casi exclusivamente mediante parámetros lingüísticos?
Es innegable, incuestionable, la condición de catalán adquirida por este futbolista a fuerza de años y hechos. Acciones a lo largo del tiempo que reflejan su profundo cariño hacia una tierra y unas gentes que ya son parte de su propia persona. Pero cuidado, el caso de nuestro flamante seleccionador no es único ni aislado, público y notorio sí, pero en ningún
caso es una singularidad dentro del colectivo inmigrante en Cataluña. Son muchos los Cruyff anónimos provenientes no sólo de Holanda si no de los cinco continentes y resto de España que ejercen de catalanes a tiempo completo y como el que más sin necesidad de ir luciendo la barretina, portando la señera, cantando “Els Segadors” ni recitando a Salvador Espriu.
Ojala que esta anécdota (que no lo es tanto) sirviera para cambiar el enfoque y la apreciación que mucha gente posee sobre la lengua como distintivo máximo de integración por parte de los inmigrantes. Este logro involuntario de Cruyff si se alcanzara, este golazo, sería una hazaña tan notable como las decenas de copas y títulos obtenidos durante su fecunda carrera deportiva. La integración debe descansar fundamentalmente sobre valores, sobre virtudes, y no sobre símbolos, banderas, estandartes ni idiomas.
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